Acción crítica en educación

Bilingüismo

Posted in Uncategorized by JuanV on 18 febrero 2009

Una de las primeras cuestiones que llama la atención en el documento de la Consejerí­a de Educación de la Junta de Andalucí­a “La Educación en Andalucí­a. Un compromiso compartido, una apuesta por el futuro“, con el subtí­tulo de “Una propuesta para el debate de una Ley de Educación para Andalucí­a“, es la insistente referencia que se hace al bilingüismo. Así­, en la página 10 podemos leer: “. . . impulsando el conocimiento de idiomas con el objetivo de que, a medio plazo, la juventud andaluza sea bilingüe“, ¡a medio plazo nada menos! Y de nuevo en la página 18: “También se está dando un mayor impulso a las enseñanzas de idiomas, con el objetivo de que la juventud andaluza sea bilingüe . . .”.  Más adelante, en el apartado 1.3, dedicado a la Enseñanza Secundaria, página 104, “. . . la adquisición de las competencias básicas en comprensión lectora, matemáticas y lenguas extranjeras es absolutamente necesario para culminar con éxito los estudios en cada etapa educativa“. Y después, refiriéndose al Bachillerato, en la página 109: “. . . el alumnado de bachillerato deberá expresarse con corrección en lengua española y en, al menos, una lengua extranjera“; al menos, dice, pero mejor dos, o tres ¿por qué no?

En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua aparece el adjetivo bilingüe referido a la persona “que habla dos lenguas“, o “escrito en dos idiomas“, y define bilingüismo como “uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona“. El Diccionario de Uso del Español Marí­a Moliner define el término bilingüe como “en dos idiomas” o “de dos idiomas“, y también que “se aplica al que habla con igual facilidad dos idiomas“. En la Wikipaedia, sin embargo, aparecen tres versiones del concepto de bilingüismo: según Bloomfield “el hablante bilingüe es aquel que tiene un control nativo de dos o más lenguas“; MacNamara “considera bilingüe a cualquiera que sea capaz de desarrollar alguna competencia (hablar, leer, entender, escribir) de una segunda lengua“; y Mackey, que “define el bilingüismo como el uso alternante de dos o más lenguas por parte del mismo individuo“.

Parece pues que la Junta de Andalucí­a ha elegido para su campaña la definición más débil de lo que se entiende por bilingüismo, es decir, la de MacNamara, porque de otra manera no se puede entender lo que defiende y propone. Y, eso sí­, aprovechando, la posible confusión que pueda crear en cualquiera que oiga lo que dicen. ¿Cómo se va a conseguir que alguien sea bilingüe de la noche a la mañana? ¿Cómo se van a convertir en bilingües unos estudiantes dando 6, 7 o 10 horas más de clase a la semana en el idioma elegido? Salvo, claro está, que lo que se quiera decir con “bilingüe” sea sólo que puedan llegar a disponer de “alguna competencia” en una segunda lengua. Acabáramos. No es eso lo que la mayorí­a de la gente entiende por llegar a ser bilingüe, desde luego.

Para estudiar un idioma es imprescindible contar con el trabajo voluntarioso del estudiante. Se puede pensar que esto es común al estudio de cualquier otra asignatura, pero no lo es, al menos en la misma medida. El fin último de estudiar un idioma es hablarlo, poder comunicarse, entender lo que te dicen y responder, poder expresarse. Para poder disponer del repertorio mí­nimo de conocimientos, habilidades, técnicas y estrategias mentales que nos posibiliten comunicarnos en otra lengua es imprescindible haber asimilado, mí­nimamente al menos, el sistema de esa lengua, haberlo hecho nuestro, que forme parte de nosotros, saber, conocer, reconocer, distinguir, apreciar un vocabulario, un léxico mí­nimo, unas estructuras, unas formas de construir las oraciones, una manera de preguntar, contestar, de hablar, en definitiva. Muy poco de todo esto se puede lograr si no se hace el esfuerzo de estudiar, de practicar, de hacer una y otra vez ejercicios; pero no sólo serí­a necesario hacer los ejercicios para que el profesor vea que están hechos ( lo que podrí­a bastar para otras asignaturas que no han de ser practicadas, actualizadas, hechas realidad después de estudiarlas). Para el estudio de un idioma es imprescindible que el estudiante haga suyas las normas, las reglas de esa lengua, el vocabulario, todo lo aprendido para que pueda llegar a utilizar ese idioma para comunicarse. Tiene que hacer suyas las palabras para poder contar, hablar, expresar cosas suyas, acerca de sí­ mismo, lo que siente, lo que ve u oye, lo que quiere hacer o lo que hizo. No pensamos que todo esto se pueda lograr, ni mucho menos, desde el planteamiento del estudio de un idioma considerado como una materia obligatoria más en el currí­culo escolar. Ni obligando a los alumnos a soportar las clases de idiomas durante más horas a la semana por obligación.

De todo lo anterior se desprende que la enseñanza de idiomas tal y como está planteada actualmente en la Enseñanza Secundaria, y no sólo en este nivel educativo, supone un gran error. Para empezar, no responde a las necesidades reales de los estudiantes, la mayorí­a de los cuales considera el idioma como una asignatura obligatoria más. Pero por las caracterí­sticas propias del estudio de un idioma como hemos comentado (se estudia para usarlo, hablarlo, escribirlo, leerlo, expresarse, etc) se hace absolutamente imprescindible contar con la voluntad de los estudiantes. Sin motivación no se consigue nada, y no se puede motivar a nadie oblingándolo a hacer nada. Por otra parte, la asignatura de idiomas no es comparable con otras asignaturas como matemáticas, historia o ciencias naturales o geografí­a, puesto que aprender a desenvolverse en otro idioma se puede aprender más tarde, a edad más adulta, más rápidamente y mejor, con menos gasto de energí­a y tiempo. (Por supuesto, no para convertirse en una persona bilingüe, pero tampoco es eso lo que pretende la mayorí­a de los que estudian un idioma). No se puede considerar igual de básico saber un idioma, por mucho que muchos se empeñen, como lo es conocer la propia lengua, saber expresarse con propiedad, conocer tu propio paí­s, su historia o disponer del conocimiento que se considera mí­nimo e imprescindible en las materias de ciencias, etc. Además, y parece un argumento definitivo, lo que algunos logran aprender (sólo algunos) en 4 años de Enseñanza Secundaria y después de unos pocos años estudiando un idioma en la Enseñanza Primaria se puede conseguir dominar en apenas unos meses cuando se hace con voluntad y ganas.

Nos atrevemos a hacer una propuesta que va justo en la dirección contraria a la que se quiere vender como última moda: pensamos que la enseñanza de idiomas deberí­a ser voluntaria en la E.S.O., Bachillerato y Formación Profesional, y obligatoria en los dos primeros años de los estudios universitarios, a elegir entre varias lenguas comunitarias (inglés, francés, alemán, portugués, italiano), o no comunitarias (ruso, árabe). La asignatura de idiomas, optativa como proponemos, en las enseñanzas no universitarias, deberí­a impartirse en grupos reducidos (no más de 12 ó 15 alumnos), y con un carácter eminentemente oral. Sólo de esta forma, o de otra pero de caracterí­sticas parecidas, se podrí­a llegar a hablar de una enseñanza de idiomas interesante, eficaz y con cierta garantí­a de éxito.

En cuanto al repentino interés de la Junta de Andalucí­a por el bilingüismo español-inglés parece una respuesta de tipo polí­tico más que académico y en todo caso desproporcionada, muy tí­pica de alguien más bien acomplejado en materia de idiomas. En primer lugar habrí­a que aclarar a qué tipo de bilingüismo nos estamos refiriendo; si lo que se pretende es que todos sean capaces de hacer un uso habitual de otra lengua en un contexto cotidiano ordinario, para eso hay que estar inmerso las 24 horas del dí­a en las dos lenguas. Eso no se consigue estudiando, hablando, practicando una segunda lengua 3, 6, ni 12 horas al dí­a durante unos cuantos años. Ahora bien, si lo que se pretende es sencillamente dar unas cuantas horas más de idioma a la semana y a eso llamarle bilingüismo, entonces es simplemente una chapuza; una más.

Por otra parte, habrí­a que pensar en alguna alternativa para aquellos que no quieran ser biblingües o no quieran estudiar idiomas (que ya los hay, créanme). Si hay problemas para conseguir que los alumnos sean capaces de aprender a usar el verbo “To Be“ después de estudiarlo desde 3º o 4º de primaria hasta terminar 2º de bachillerato, o sea después de siete u ocho años ¿qué no se necesitarí­a para hacerlos bilingües? ¿Qué me dicen de la motivación para aprenderlo? Se supone que un idioma es para utilizarlo, para leerlo, para entenderlo, no basta con aprender una serie de palabras porque sea obligatorio ¿se piensa hacer una campaña de concienciación para despertar el interés por aprender otro idioma hasta un nivel de biblingüismo, o se dejará en manos del destino y de cada uno y una? Finalmente, si como parece, se trata de una medida de carácter polí­tico, habrí­a que ver si en los otros paí­ses de nuestro entorno existe también la misma preocupación por convertir a sus ciudadanos en bilingües. A ver si va a resultar que queramos ser los primeros de la clase de bilingüismo en esta Europa nuestra. Habrí­a que pensar en ofrecer otros idiomas además de inglés, ¿por qué no cualquier idioma comunitario? Es más, ¿por qué no otro idioma aunque no sea comunitario? El español es hoy por hoy una de las lenguas más habladas del mundo. Ningún favor se le hace potenciando y ayudando a extender todaví­a más el inglés, lengua que disputa incanseblemente y entorpece todo lo que puede y más cualquier avance del español en los contextos internacionales.

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