Acción crítica en educación

Christian Laval en Cuadernos de Pedagogía

Posted in Uncategorized by JuanV on 18 febrero 2009

En Cuadernos de Pedagogí­a de este mes se incluye una entrevista al sociólogo francés Christian Laval, autor del libro La Escuela no es una empresa, entre otros, donde expone sus ideas sobre la mercantilización creciente que está sufriendo la escuela pública.

En la entrevista critica la idea, cada vez más extendida, de considerar la educación “como un mercado”. Explica que el origen de esa idea está en el reconocimiento por parte de los economistas de que “la educación y el conocimiento son bienes cada vez más preciados” y por tanto “de gran demanda social”, lo que los convierte en mercancí­a. “Ahora que habí­amos conseguido que (la escuela) no se pareciera a la iglesia, serí­a una lástima que se confundiera con la empresa”, dice. Respecto a las polí­ticas nacionales en materia de educación no es menos crí­tico cuando pregunta: “Éstos que se llaman socialistas ¿continuarán impunes con su polí­tica neoliberal? ¿Las autoridades públicas encontrarán el medio de enfrentarse a la polí­tica dominante del mercado? ¿Tendrán voluntad polí­tica para hacer más igualitario el sistema público? ¿Se atreverán a ir contracorriente? Estos partidos polí­ticos de izquierda ¿están realmente sostenidos por fuerzas democráticas y ciudadanas? . . . Sólo puede esperarse que aparezca una nueva fuerza que conteste a los partidos de izquierda totalmente sometidos a la lógica empresarial”.

Habla de la diferencia, cada vez mayor, entre escuela privada y escuela pública: “En los centros de medios populares se sabe que el proceso de enseñanza-aprendizaje del alumno es más dificultoso: el ambiente de clase, la poca disposición al estudio, la no interiorización de normas escolares, el tiempo invertido en cuestiones de disciplina. . . todo se acumula, la distancia crece año tras año. Además es inadmisible, por ejemplo, que las condiciones de enseñanza sean completamente diferentes según el barrio en el que vivas.” Para combatir las desigualdad social sugiere “una reducción considerable del número de alumnos por clase en los centros populares y un modelo pedagógico más potente. . . El principio es aportar más a los que tienen menos, con el objetivo de compensar las desigualdades”. “Es posible soñar una escuela ideal en una sociedad desigual, pero en la realidad esto es algo inviable. Y lo constata el hecho de que son las sociedades más cohesionadas e integradoras las que obtienen mejores resultados escolares”, comenta. En este sentido aclara que si bien Finlandia, cuyos resultados escolares todos ensalzan, invierte más en educación que España, por ejemplo, también es cierto que tienen menos alumnos por clase y que se trata de “una sociedad con mayor redistribución de la riqueza”. Que qué se puede hacer con la escuela privada: “no financiarla, simplemente. . .”, responde tan tranquilo. “Los contribuyentes no pueden pagar una educación separada para los hijos de la clase alta, es algo paradójico, supone dar dinero a los que ya lo tienen”. Resalta que es “absolutamente necesario refinanciar el sector público, mejorar las condiciones laborales de sus enseñantes, revalorizarlos, ofrecerles más recursos. Y al mismo tiempo, pedirles que sean exigentes, que no dejen pasar de etapa al alumno que no ha cumplido unos mí­nimos, que no eviten las dificultades de su alumnado, que no sustituyan el esfuerzo por distracciones lúdicas, que no pasen el tiempo jugando cuando lo que hace falta es leer.” Llegados a este punto uno se pregunta si no les ha salido un poco rana este sociólogo a los de Cuadernos de Pedagogí­a, tan pro-LOGSE ellos, y tan defensores de los juegos, de la promoción automática, de evitar hablar de esfuerzo y disciplina, etc.

Es crí­tico también el señor Laval con la aplicación de las nuevas tecnologí­as a la educación, cuando comenta que “se necesita más tiempo para utilizar la informática de una forma inteligente”. En este sentido critica la idea de innovación como dogma según el cual “todo lo nuevo es mejor”, sugiriendo que “la innovación debe venir de los propios enseñantes, de la necesidad de sus prácticas y no de unos expertos externos”. Amén.

Para terminar, no tiene desperdicio su respuesta a la pregunta de la entrevistadora sobre qué se puede hacer ante la situación que padecemos: “Pues de la misma manera que se hacen campañas para que la gente deje de fumar o no conduzca borracho, podrí­an lanzarse iniciativas del tipo atención, no dejéis a los niños solos por la calle o pegados a la televisión dí­as enteros.” Así­ de sencillo. Es lo que venimos defendiendo muchos que no llegamos a ser tan inteligentes ni tan versados en la materia: ¿por qué no se organizan campañas televisivas de concienciación para lo que haga falta? ¿no hace tiempo que se reconoce la capacidad de influencia tan bestial de la televisión especialmente en los más jóvenes? Pues serí­a muy fácil: que hay que fomentar la ciudadaní­a y los buenos modos, campaña de limpieza en la ciudad, de cortesí­a y no violencia; que hay que fomentar la lectura, campaña de lectura hasta en la sopa; que hay que hacer ver a los estudiantes la importancia de los estudios, campaña de motivación en los estudios. No es tan difí­cil; sólo hay que invertir aunque no sea para recuperar lo invertido inmediatamente.

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