Acción crítica en educación

El maestro en la escuela, el cura en la iglesia

Posted in Uncategorized by JuanV on 18 febrero 2009

El problema de la existencia o no de la religión como asignatura en los centros escolares se reduce, en definitiva, a que el gobierno se decida de una vez a dar por concluidos los acuerdos con la Iglesia católica actualmente en vigor y a que la Iglesia Católica, aplicándose a sí­ misma el concepto de caridad cristiana del que tanto hace gala y cuya carencia detecta en el prójimo con tanta facilidad, sea capaz de renunciar a la situación de privilegio que le garantizan esos acuerdos Iglesia-Estado, que datan de 1979, de la que saca provecho para adoctrinar e inculcar su fe intentando así­ asegurarse una futura clientela.

Cada vez se le exige más a la escuela: educación vial, sexual, para el consumo, para la paz, contra la violencia doméstica, etc. ¿No es razonable que se deje para otros ámbitos la educación que cada familia considere oportuna para sus hijos en materia religiosa, que es una cuestión de conciencia, de fe, tan personal? Hay mucho que atender en la escuela respecto a temas que nos incumben, afectan y preocupan a todos como ciudadanos, independientemente de nuestras ideologí­as y creencias subrayando los aspectos comunes, los que nos unen y no los que nos diferencian y separan. La religión, por mucho que algunos quieran insistir en ello, no es comparable a ninguna otra asignatura del currí­culo escolar. No es una materia cientí­fica, se basa en dogmas de fe, y con sus mandamientos y prohibiciones no es, desde luego, el método idóneo para desarrollar la inteligencia, el afán de leer, investigar y descubrir, ni de fomentar la capacidad de juicio crítico de los estudiantes.

En la situación que nos encontramos en nuestro paí­s en cuanto a inmigración, todaví­a en pañales, si la comparamos con la de algunos de nuestros paí­ses vecinos, como Francia, por ejemplo, le resulta fácil a la Iglesia Católica jactarse de estar dispuesta a defender la idea de dar cabida en la escuela a cuantas religiones y credos vengan o están por venir. Es fácil cuando se cuenta con la seguridad de que, de momento, la religión católica es prácticamente la única, o casi, de la que se habla como posible asignatura escolar. Lo grave es que la Iglesia esté de acuerdo con que la escuela pública tenga que dedicar tiempo y espacio en su seno a cualquier religión con tal de no perder la posición hegemónica de la que goza en la actualidad. ¿No cambiará de parecer dentro de unos años cuando las preferencias religiosas de los españoles, los que la tengan, se vean más repartidas?

En el fondo el gran problema, no sólo de la católica sino de todas las religiones, es que por creerse en posesión de la verdad única se otorgan el derecho de imponerla a todos, a veces por todos los medios. Cabrí­a preguntarse por qué no confí­an en el poder de convicción de esa verdad en vez de hacérnosla tragar por activa y por pasiva. Y es que la clave está en el concepto de libertad, que la Iglesia parece estar empeñada en no querer entender. Porque no es libertad dar a elegir entre chocolate blanco o chocolate negro, tampoco dar la posibilidad de elegir el tipo de chocolate sino preguntar si se quiere o no tomar chocolate alguno.

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