Acción crítica en educación

Ir a clase

Posted in Uncategorized by JuanV on 18 febrero 2009

Hace años tení­amos claro que el trabajo de los estudiantes no se agotaba en absoluto en el hecho de asistir a clases. Ese era el momento de atender a las explicaciones de los profesores prestando especial atención a aquellos temas que pudieran resultar difí­ciles de entender por cuenta propia. Cuando realmente empezaba el trabajo del estudiante era en casa después de clases. Ahí­ era cuando tení­amos que memorizar conceptos e ideas, hacer resúmenes y elaborar esquemas sin los que no podí­amos hacer ejercicios, prácticas, resolver problemas, etc. Las siguientes clases eran de gran ayuda para aclarar dudas, comprobar los resultados de los ejercicios y problemas, ver dónde nos habí­amos equivocado y, en todo caso, volver a escuchar las explicaciones de los profesores una vez más. Y así­ sucesivamente.

Hoy en dí­a los primeros que no tienen claro este proceso son la mayorí­a de los padres, muchos de los propios profesores y las autoridades educativas, que promueven algo totalmente distinto por influencia de patrones provenientes de la educación infantil. Se plantea que con las 6 horas que pasan los crí­os en la escuela ya es suficiente trabajo y que, no sólo es conveniente sino que resulta necesario para su desarrollo fí­sico, intelectual y social, que dediquen el resto del tiempo del que disponen para jugar y divertirse como quieran. Efectivamente mientras sean crí­os estamos de acuerdo. El problema es que se confunden las ideas y se olvida poner un lí­mite a la edad hasta la que esto debe ser entendido así­. No son para nada iguales las necesidades educativas de los nenes de 5, 8 o 10 años que las de preadolescentes y adolescentes. Alrededor de los 12 años situaba un autor tan sacralizado por la LOGSE como Piaget el momento en el que se produce el paso del pensamiento concreto, caracterí­stico de lo que él llama segunda infancia, al pensamiento formal o hipotético-deductivo. Aproximadamente a partir de esta edad la mente de los estudiantes necesita enfrentarse a lo que suponga verdaderos retos para poder desarrollarse adecuadamente. El mismo Piaget dejaba claro que de no desarrollarse en su momento el pensamiento formal bien podí­a no desarrollarse correctamente o no hacerlo nunca. ¿Se utilizan las investigaciones de sabios pedagogos sólo parcialmente para servir determinados intereses polí­ticos del momento?

La escuela actualmente, y los centros públicos de enseñanza secundaria van incluí­dos en el lote, se entiende más como servicio de guarderí­a que como verdadero centro educativo. Lo que parece que interesa es que los alumnos están recogidos el mayor tiempo posible, de ahí­ la cantinela de la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16 años, y nada más. No importa en absoluto si estudian o aprenden, de ahí­ la promoción automática de un curso a otro (a veces sin que los alumnos promocionados hayan asistido a clase siquiera), o si se dedican a perder el tiempo y hacer que lo pierdan los pocos que quedan con cierto interés por formarse y educarse. Si resulta ser cierto lo que comenta Claude Thélot, presidente de la Comisión del Debate Nacional sobre el futuro de Escuela en Francia, de que “En otra época era posible triunfar fuera de la Escuela, hoy en dí­a esto ya no es así­”, entonces ¿qué oportunidades estamos dando realmente a estas generaciones?

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