Acción crítica en educación

Lectura y educación

Posted in Uncategorized by JuanV on 18 febrero 2009

La educación es como la lectura: hay a quienes les encanta leer y hay quienes no lo soportan. Obligar a todos a “educarse” hasta los 16 años es tan absurdo como obligar a todos a leer.

“Hay que conseguir que la lectura sea una actividad deseada, voluntariamente elegida, algo que guste hacer y que se haga cuando no hay obligación de hacerlo.”

No cabe duda de que serí­a deseable que todos leyeran, pero sabemos que para ser un buen lector hay que haber ido aprendiendo desde pequeño, muy poco a poco, oyendo los cuentos que te cuentan tus padres, empezando a leer tebeos, leyendo cuentos, etc., hasta llegar a los 12, 13 años cuando estás dispuesto a leer lo que te echen o casi.

“Ser lector supone convertir la lectura en una necesidad vital, hacer de la lectura un hábito voluntario, una actividad elegida libremente, deseada y gustosa.”

A los niños que no hayan tenido ese proceso u otro parecido, es decir, a los que no se haya enseñado desde pequeños a ser lectores, no se les puede pedir que lean lo mismo que a los que ya están familiarizados con el mundo de la lectura. Que todos tienen el mismo derecho no se discute, pero que a todos haya que darles lo mismo para leer es una barbaridad, pues no todos van a querer ni poder enfrentarse a lo mismo: “Cada persona tiene sus intereses y cada libro tiene su público”. Obligar a todos a una misma formación, una misma instrucción, una misma educación, con unos mismos objetivos y contenidos es tan absurdo como obligar a todos a leer los mismos libros.

“. . . la experiencia lectora es tan personal que podemos afirmar que un mismo libro puede ser distinto para personas diferentes; cada lector la interpreta libremente según su modo de ser, sus conocimientos, sus experiencias y los sentimientos que le provoca.”

Hoy, siendo conscientes de la relación directa, yo dirí­a casi inevitable, entre lectura y rendimiento escolar, se quiere obligar a todos a estar en la escuela hasta los 16 años, que serí­a como obligar a todos a que lean lo mismo, pero sin haberse asegurado antes de que todos han sido obligados a pasar por el proceso de aprendizaje para ser “lectores”.

Y es que el problema es que si se acepta que la lectura es una actividad personal, individual, que ha de ser de carácter voluntario y placentero, cómo no pensar lo mismo, por lo menos, de algo mucho más amplio y global como la formación y la educación en general, que es algo así­ como la suma o resultado de muchas “lecturas”.Oblí­guese a los padres a que desarrollen las capacidades de sus hijos y se podrá obligar a éstos a que permanezcan en el sistema educativo hasta los 16 años con unas garantí­as mí­nimas de aprovechamiento. Oblí­guese a los padres a que despierten interés en los hijos por la cultura, por leer, por saber, por estudiar y entonces, y sólo entonces, se podrá obligar a los hijos a que estén en la escuela hasta los 16 años, de hecho entonces no serí­a necesario obligarlos porque lo desearí­an ellos mismos. Si a los padres no se les obliga a nada de esto, y no lo hacen por sí­ mismos, los hijos no tendrán interés por los libros, la lectura, la cultura ni por nada de lo que les puede ofrecer la escuela. Y, por supuesto, habrá chicos con necesidades, intereses y desarrollos intelectuales muy distintos. No se puede dar a todos lo mismo si necesitan y piden cosas distintas. Puede intentarse a edades muy tempranas, pero no ya a edades tan avanzadas como las de los alumnos de la ESO. Que resulta lamentable separar a unos de otros, de acuerdo, pero no es la escuela la que los separa sino sus padres, al no haberlos preparado antes; y el estado, por no haber obligado a los padres a preparar a sus hijos.

Así­ es la realidad de dura, lo demás es andar con paños calientes y engañar a ingenuos.

Por si acaso, repasemos:

La lectura:

  • Ayuda al desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje.
  • Mejora las relaciones humanas, enriqueciendo los contactos personales.
  • Da facilidad para exponer el propio pensamiento y posibilita la capacidad de pensar.
  • Es una herramienta extraordinaria de trabajo intelectual.
  • Aumenta el bagaje cultural.
  • Amplí­a los horizontes del individuo.
  • Estimula y satisface la curiosidad intelectual y cientí­fica.
  • Despierta aficiones e intereses.
  • Desarrolla la capacidad de juicio, de aná¡lisis, de espí­ritu crí­tico.
  • Fomenta el esfuerzo pues exige una colaboración de la voluntad.
  • Potencia la capacidad de observación, de atención y de concentración.
  • Facilita la recreación de la fantasí­a y el desarrollo de la creatividad.
  • Potencia la formación estética y educa la sensibilidad.
  • Es un medio de entretenimiento y distracción.
  • Es fuente de disfrute.

Como propone José© A. Marina en su libro La magia de leer: recuerda, “Los borregos nunca han leí­do un libro”, o bien, “No leas, sé un imbécil”.

(Las citas provienen del libro Cómo hacer hijos lectores, de Carmen Lomas Pastor, Ediciones Palabra, S.A. (2002)).

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