Acción crítica en educación

Un año TIC

Posted in Uncategorized by JuanV on 18 febrero 2009

Para empezar he de confesar que soy bastante crí­tico con la aplicación que se está haciendo de las Tecnologí­as de la Información y de la Comunicación a la enseñanza. No creo que el advenimiento de los ordenadores haya sido o sea muy distinto del de otros inventos de los que en su dí­a también llegó a decirse que serí­an una revolución para el mundo de la cultura, y especialmente para el de la enseñanza, como por ejemplo el bolí­grafo, o la máquina de escribir, o el CD-ROM, o la televisión o el video. Muchos pensaron que el uso del lápiz en la escuela tení­a los días contados, y que escribir los ejercicios, trabajos y exámenes a mano se iba a convertir en algo del pasado, pero no ha sido así­. Y sin embargo nadie duda de la utilidad de esos inventos, ni de que hayan supuesto verdadero avance. Lo que no han conseguido es trastocar definitivamente la práctica educativa, ni una revolución radical: los nenes siguen necesitando usar el lápiz para aprender a escribir, para poder borrar cuando se equivocan, para distinguir algo provisional de un escrito definitivo, etc.

Con los ordenadores sucede, en mi opinión, algo parecido (y sé que decir ésto es ir contra la corriente), pues nunca sustituirán, no deberí­an al menos, el uso de un lápiz o del bolí­grafo en el colegio, especialmente y sobre todo en el aprendizaje de la escritura, ¿o es que se piensa que se va a prescindir algún dí­a de la escritura a mano totalmente? Hay quienes piensan que el hecho de nacer en una época en la que los ordenadores están a la orden del dí­a ha de marcar indefectiblemente un antes y un después; lo mismo se dijo en su momento de las generaciones nacidas antes y después de la televisión y las diferencias generacionales han seguido siendo más o menos igual.

Por otra parte, es muy discutible que sea necesario hoy por hoy enseñar a manejar el ordenador a los alumnos desde los primeros años de escuela; sencillamente es prioritario aprender a escribir de manera legible y sin faltas de ortografí­a, por ejemplo, a expresar correctamente las ideas, a leer, y muchas cosas más. Todos estamos de acuerdo que no es nada difí­cil aprender a usar el ordenador, de hecho cada vez hacen programas más fáciles de manejar y más intuitivos, ¿a qué viene entonces tanta prisa? Hay quienes, mucho más allá del uso básico del procesador de textos, empiezan a hablar de enseñar a los alumnos a manejar hojas de cálculo, bases de datos, uso de presentaciones, creación de páginas web o bitácoras, ¿y por qué no a programar en XML, JavaScript o Perl? ¿Estamos locos? ¿Qué se va a dejar para los estudios de los que se vayan a dedicar a la informática? ¿Qué ventaja se cree que va a suponer manejar programas o lenguajes de cierta complejidad ahora cuando se sabe que dentro de unos años, precisamente cuando esos alumnos (sólo algunos de ellos) necesiten verdaderamente usarlos, habrán salido programas nuevos y seguro que más fáciles de usar? Sobre todo si, como cabe esperar, el tiempo dedicado al aprendizaje de todas estas cosas se resta del que se necesita para cuestiones de verdadera formación básica. Además, la mayorí­a de los nenes no necesitan aprender a usar el ordenador en la escuela, porque ya lo hacen en casa por medio de los juegos, etc. Se dirá que no todos los hogares disponen de un ordenador; cierto, pero también es cierto que muchas personas han podido aprender y acostumbrarse al uso del ordenador en su trabajo sin haber tocado antes uno en toda su vida. Se podrí­a argumentar que todos van a necesitar saber usar el ordenador; yo creo que alumnos que no lleguen a estudiar siquiera el bachillerato difí­cilmente van a tener que usar un ordenador en su trabajo a un nivel que no puedan aprender sobre la marcha mediante un pequeño entrenamiento. Y los que van a estudiar bachillerato no son la mayorí­a.

Por no hablar de Internet. Se pone toda la información habida y por haber al alcance de unos alumnos que, en más casos de los que quisiéramos constatar, son incapaces de leer con propiedad un texto sencillo, no digamos interpretar un texto algo más complejo, deducir, sacar conclusiones o captar el doble sentido o la ironí­a. Y a la hora de escribir sucede lo mismo o parecido: se aceptan y valoran textos producidos por alumnos sólo por el hecho del medio en el que se presentan, sea un simple procesador de texto, un artí­culo en una web, un comentario en una bitá¡cora o el texto impreso, sin pasar a lo que de verdad deberí­a importar que es el contenido y que esté correctamente escrito. Y todo ello se hace sin mesura, sin cautela y sin un sentido mí­nimo de crí­tica, pues cualquier declaración que ponga en tela de juicio lo “moderno” (o habría que decir “postmoderno”) y la “actualización” que suponen las TIC para la educación es descalificarse automáticamente como profesional de la enseñanza que se precie de estar al dí­a. Además no hay un plan de actuación graduado para la aplicación de las TIC en la enseñanza, y lo mismo se habla del uso de los ordenadores en primaria, secundaria, que en bachillerato o la universidad.

Trabajo en un Instituto de Enseñanza Secundaria que este curso que ahora acaba ha tenido la suerte de ser seleccionado como Centro TIC. Es decir, que la Junta de Andalucí­a tuvo a bien aprobar nuestro proyecto para la instalación de ordenadores en las aulas y de dotarlos con internet, concretamente un ordenador para cada dos alumnos, más dos paquetes de 18 ordenadores portátiles (entre otras razones porque muchos piensan que ser un buen centro educativo y no disponer de ordenadores son términos antitéticos). Pues bien, los errores y defectos de todo el proceso de convertirnos en un centro TIC son innumerables. De entrada, ¿a quién se le ha ocurrido proporcionar sillas giratorias a grupos de alumnos que no saben ni aguantan estar sentados tranquilamente cinco minutos? El desorden y desbarajuste en clase se eterniza: hay que estar constantemente recordando a los alumnos que se sienten bien, que intenten distinguir lo que es estar sentados en un parque de lo que se supone que es estar en clase. Estoy seguro de que existen sillas ergonómicas adaptables al uso de ordenadores para niños en los centros escolares que no tienen por qué ser giratorias. Pero la cosa va a más: como los ordenadores permanecen al alcance de los alumnos todo el tiempo, y como ya tenemos experiencia de que hay muchos padres de alumnos que se niegan a hacerse responsables de los desperfectos que causen sus vástagos, y como las autoridades eduactivas casi siempre acaban dando la razón a los padres, entonces se ha decidido que los alumnos tienen que salir al pasillo al finalizar cada clase para evitar destrozos mayores. No importa que el pasillo en cuestión mida cinco o dos metros escasos. Mejor no cuento en lo que se convierten los pasillos entre clase y clase.

Ya se habí­an roto dos monitores antes de haber empezado a utilizarlos (resulta que los monitores llevan una bisagra que permite levantarlos cuando se van a usar y después plegarlos; pues la bisagra debe de ser de muy mala calidad o bien nuestros alumnos demasiado impetuosos). No hay una sola clase en la que funcionen con total normalidad todos los ordenadores instalados; las averí­as surgen a ritmo vertiginoso, pero las soluciones a esas averí­as tardan dí­as, semanas y hasta meses. A veces no hay corriente eléctrica, otras es la conexión a internet la que falla. No todos los profesores están igualmente implicados en las tareas TIC, pero los que lo están han tenido que ponerse al dí­a, o intentarlo, por su cuenta y riesgo, preparándose en su tiempo libre pagando de su bolsillo lo que hayan tenido que necesitar; para cuando se han organizado cursos desde la administración hací­a ya mucho tiempo que los profesores implicados estaban poniendo en práctica esos programas y conocimientos que ahora se querí­an impartir. La Junta de Andalucí­a ofrece ayudas para la adquisición de ordenadores a empresarios y pequeñas empresas, pero no se le ocurre ofrecer ayudas a los profesores que se supone que están inmersos en un plan de implantación de ordenadores y desarrollo de las tecnologí­as de la información y la comunicación en los centros educativos. Algunos compañeros que llevan más de un año trabajando en centros TIC ya nos adelantan que la euforia y el entusiasmo primeros que despiertan los ordenadores en los alumnos pasa pronto; que los alumnos que no trabajaban mucho sin ordenadores a la larga siguen sin hacer gran cosa con ellos, y empiezan a surgir serias dudas sobre el futuro de unos aparatos, al fin y al cabo delicados, que necesitan cuidados, atención y dinero, sobre todo a partir de los primeros años cuando la administración ya se desentiende de cubrir económicamente las averí­as. Eso sí­, ahora las horas de guardia en clase son más llevaderas si se deja a los alumnos enceder los ordenadores para que jueguen.

Todo esto no es más que anecdótico, por supuesto. He encontrado un par artí­culos de Fermí­n Rodrí­guez Castro sobre crí­tica a las TIC bastante interesantes: Las Reformas Educativas y el mito de la Nuevas Tecnologí­as (I) y (II)

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