Acción crítica en educación

¿Partir de la motivación?

Posted in Uncategorized by JuanV on 19 febrero 2009

Es un error bastante extendido pensar que es tarea de maestros y profesores motivar y hacer lo indecible para convencer a los alumnos de las gracias y beneficios que aporta la educación, la formación y la cultura. Debería ser de público conocimiento el valor de la educación, como debería reconocerse su papel en la universalización de la igualdad de oportunidades y en el de la promoción social. En ese sentido, una de las ventajas de las que goza Finlandia, ahora que tanto se pone la vista en ese país por sus excelentes resultados obtenidos en el informe PISA, es la importancia que la sociedad en general, y las familias en particular, da a la educación y a los profesionales que se dedican a ella. Todo el mundo parece haber entendido el carácter básico e imprescindible que tiene la educación y todos parecen aceptar el trabajo y el esfuerzo que conlleva. Por el contrario, aquí se confunde, gracias a la inestimable aportación de tantos pedagogos y expertos en educación, lo que es simplemente ayudar a entender y a hacer más digeribles los contenidos de las distintas materias con tener que motivar a los chavales hasta para que vengan a clase o para que se dignen a coger el lápiz. Como comenta Ricardo Moreno Castillo en su Panfleto Antipedagógico, lo peor del problema de la motivación es que ya la tienen asumida los padres, los alumnos y demasiados profesores. A un alumno de éstos que son capaces de decirle a la cara al profesor que no se sienten motivados cabría preguntar, dice Ricardo Moreno: “. . . cuando vuelves a casa del instituto, siempre te encuentras la comida preparada. Y esto ¿sucede todos los días o sólo cuando tu madre se encuentra motivada para preparártela?”

Motivados o no, lo cierto es que los profesores tenemos que acudir todos los días al trabajo a entablar lo que parece ser una lucha perdida de antemano. Cada vez es mayor el número de alumnos que ve la escuela o el instituto como un centro carcelario adonde se ven condenados a asistir porque lo dice la ley y sus padres los obligan, nada que ver con la idea de apreciar la oportunidad que se les brinda de formarse y hacerse personas. O sea, en el polo opuesto de la mentalidad que parece ser corriente entre los chavales de Finlandia. ¿Cómo extrañarse entonces de la disparidad entre los resultados de un país y otro?

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