Acción crítica en educación

La importancia de los conocimientos

Posted in Uncategorized by JuanV on 19 febrero 2009

Estamos asistiendo a la realización lenta pero constante de un plan para acabar con la escuela, o al menos para cambiar totalmente su función en la sociedad. Suena un poco dramático y apocalíptico, pero es lo que hay. Porque vamos a ver, la función de la escuela ¿es ayudar a que los nenes alcancen la felicidad, así sin anestesia ni nada, o a enseñarles y que aprendan los conocimientos necesarios para desenvolverse en la vida y que en última instancia, última muy última, puede que les sirvan para lograr ser más o menos felices? Porque a lo mejor lo que se está pidiendo a gritos es transformar la escuela en un circo: es distraído, a los nenes les encanta, no les supone trabajo ni esfuerzo, les hace felices, no los traumatiza, les deja el tiempo libre de preocupaciones posteriores al terminar. . . En fin, que concuerda bastante con lo que se está oyendo que se quiere para la escuela y los nenes, ¿o no?

Desde las órdenes e instrucciones emanadas desde arriba por parte de las autoridades educativas hasta los convenios internacionales (véase si no ese famoso Plan Bolonia o el Plan de Convergencia Europeo de Universidades), pasando por los planes de estudio, los desarrollos curriculares a la moda, los cursos, seminarios y artículos sobre “competencias”, y un largo etc., parece que todos los medios se han puesto de acuerdo para hacernos ver que los conocimientos no son lo verdaderamente importante en materia de educación. Es que ya empieza a sonar como si uno fuera un retrógrado o estuviera pasado de rosca, vaya, sólo con intentar defender la importancia de los conocimientos. Todo esto tiene su explicación, claro está, pero como sucede casi siempre, yace un poquito más allá del alcance del pildorilla de turno. No voy a extenderme en este punto porque hay autores que ya lo han explicado mucho mejor que yo lo pueda hacer, ya hace tiempo (ver La Escuela de la Ignorancia, de Jean Claude Míchea, por ejemplo). En resumidas cuentas es que según las previsiones de los gobiernos, de los países occidentales principalmente, en un futuro no muy lejano no va a hacer falta mucha gente formada, culta y sabihonda (es decir, que sepa de dónde viene, dónde está, adónde va y para quién vendimia), sino que con unos pocos listillos bien formados será suficiente para poder dirigir el cotarro, a la masa de palurdos alimentados de soma, pan y circo; en medio, un número mediano de técnicos y burócratas bienpagaos. Y poco más. Obviamente, con la extensión de la enseñanza que se ha producido en estos 50 años atrás hasta alcanzar el 100% de la población se pondría en peligro el plan de estos señores si se consiente en llegar a conseguir una enseñanza de verdadera calidad. Por lo tanto, lo que pretenden ahora, puesto que cortar la educación para todos es antipopular y muy descarado, es acortar la calidad de esa enseñanza para todos, y el medio es rabajar la formación, los contenidos, los conocimientos y sustituirlo todo por conceptos vagos y para engañabobos, pero que consiguen vender como motos: capacidades, competencias, aprender a aprender, etc. Es una cuestión de política pura y dura, pero ¿qué no es política en materia de educación? Para esta tarea los políticos diseñadores del plan cuentan con la inestimable colaboración de los pichicólogos y peda-agogós de turno, que (sálvese el que pueda, que nadie duda de que los habrá) o están de acuerdo con el plan o bien no se enteran de nada. No sé qué es peor.

Porque es gracias a los CONOCIMIENTOS, sí, así escrito con mayúsculas y todo, gracias a la formación e instrucción (¡uy! he dicho una palabra mala: instrucción; me voy a condenar), a la educación en el sentido más general y amplio del término, que puede una persona aspirar a conseguir cierta promoción social (a menos que se considere la posibiliad de mejorar el nivel de vida a base de enseñar la anatomía por la tele, claro está). Es a través de la educación como se puede salir de la marginación y ayudar a otros a salir de ella y promocionar socialmente. Es gracias a la educación que puede haber progreso en el seno de una familia: cuanto más educación y formación tengan los padres más fácil será que lleguen a tenerla los hijos. Por mucho que se hable de desarrollar en clase la democracia radical, se hable de multiculturalismo y diversidad o de justicia y equidad, difícilmente se va a conseguir nada si los ciudadanos están hechos unos zoquetes, no tienen capacidad crítica y son fácilmente manipulables. No se tiene por qué estudiar “democráticamente” (sea lo que sea eso) para hacer un mundo más justo y democrático (entre otras razones porque podría llegar a salir en cualquiera de los referéndum de cada día de clase que se prefiere una dictadura si se manipula adecuadamente a los que votan). Lo más importante de una democracia viva, de un sistema democrático en movimiento, es que los ciudadanos estén formados e informados: cuanta más culta una sociedad, más posibilidades tendrá de llegar a ser más justa, realmente democrática, equitativa e igualitaria.

Y nada más.

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