Acción crítica en educación

Más de ESO

Posted in Uncategorized by JuanV on 19 febrero 2009

Puede que el que no entre en un aula de la ESO, profesor de universidad, por ejemplo, con tanto leer artículos, investigar (¿), elucubrar nuevas teorías y la inefable búsqueda de la innovación educativa, acabe un tanto ofuscado y pierda el sentido de la realidad, o tal vez el sentido común. Para los que nos enfrentamos a varios grupos de alumnos de la ESO cada día hay cosas que permanecen claras como al agua, por mucha investigación educativa y nueva teoría que se nos intente vender cada cierto tiempo. Por ejemplo: la mayoría de los alumnos no estudia si no se les obliga, de una manera u otra, más sutil o menos. Eso es así guste o no guste. Pero aún es más cierto para los actuales alumnos de la enseñanza obligatoria (podríamos ponernos de acuerdo sobre qué porcentaje) puesto que están matriculados porque lo dice la ley y nada más. Si saben que no ocurre nada si no hacen los deberes; si no ocurre nada si no estudian; si no ocurre nada si no aprueban un examen; si no pasa nada si suspenden una asignatura en la evaluación, todas las asignaturas o todas las evaluaciones. Si saben que promocionan al curso siguiente aunque suspendan todo en junio y septiembre si ya han repetido una vez. Si saben que todo esto es así, este mismo conocimiento es el mejor y el más indicado para confirmarles que no deben de estar incumpliendo ninguna norma, ni deben de estar haciendo nada malo, puesto que todo ello ocurre una y otra vez con uno y mil alumnos un año tras otro.

Esta cuestión resulta ser básica aunque no se le preste la atención debida. Cuando se habla de los méritos y del buen hacer de los centros privados, por ejemplo, se pasa por alto que uno de los pilares básicos en los que se apoyan es en la obligación que saben imponer a sus alumnos sobre el estudio diario. Se les obliga a hacer los deberes, se les obliga a hacer resúmenes, se les obliga a estudiar todos los días, todo ello so pena de la pertinente imposición de castigos más o menos rigurosos (cuando no la expulsión del centro a corto o medio plazo), pero siempre más incómodos que lo que supone la realización de los deberes y tareas. Si se reconoce que esto es así, sólo cabe una explicación al hecho de que se prefiera no tomar las medidas oportunas en los centros públicos, a saber: que no interesa que los centros públicos formen verdaderamente a sus alumnos, no interesa que sean tan buenos o mejores que los privados. Habría que preguntarse a quién beneficia que todo siga como hasta ahora. Y habría que preguntarse quiénes son siempre los perjudicados.

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