Acción crítica en educación

Sobre el derecho a la educación

Posted in Uncategorized by JuanV on 19 febrero 2009

Apenas nos sorprende ya que se hable de la existencia de detectores de metales en las puertas de las escuelas e institutos, en Estados Unidos de momento, para evitar que los alumnos introduzcan en los centros algún tipo de arma. ¿No es más fácil amenazar con la expulsión ipso facto ante una falta grave como esa? Se tiene la idea, y eso sí que ocurre aquí también, de que haga lo que haga un alumno, pase lo que pase y suceda lo que suceda siempre queda y ha de quedar salvaguardado su “derecho a la educación”, por encima de cualquier otra consideración. Bien. Esto es una barbaridad lo diga quien lo diga y lo defienda quien lo quiera defender. Se vela por el derecho a la educación de todos y con el paso del tiempo se llegan a aceptar como normales comportamientos violentos o que preparan la violencia. No se hace nada para frenar o cortar radicalmente actitudes negativas, faltas de respeto, violencia entre compañeros e incluso hacia los profesores. Se consigue dar cobertura a todos respecto al derecho a la educación para acabar no educando a nadie. Porque ¿acaso no es educativo tener que cumplir las normas, como sucede en la vida real fuera de los centros educativos? ¿No es educativo aprender que el que no cumple las reglas tiene que “pagar” su falta? Si por una falta mucho menos grave que intentar introducir un arma en su colegio se expulsara al alumno del mismo sin más miramientos, hace mucho tiempo que no se darían estos comportamientos.

El derecho a la educación no puede ni debe ser intocable: habrá que prever las circunstancias y situaciones ante las que cabrá esperar una suspensión o pérdida de dicho derecho, bien de manera temporal y transitoria, con cambio obligatorio de centro, etc. Que un alumno no esté preocupado por su educación lo suficiente como para respetar las reglas, y sus padres no sólo no hayan sabido enseñarle esa preocupación sino que se despreocupen de los resultados de ese error, no debería estar “cubierto” por la garantía del Estado. El Estado no puede, no debería nunca, llegar a estar más interesado en la educación de un individuo que el propio individuo, a menos que éste aún no tenga uso de razón. En todo caso, la preocupación del Estado por la educación no puede ni debe sustituir a la del individuo y su familia. Es a los padres, por supuesto, a quienes corresponde inculcar, enseñar y trasladar a sus hijos la preocupación por la educación y la formación. De que lo consigan dependerá el éxito o fracaso educativo de sus hijos, en principio.

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