Acción crítica en educación

Triste perspectiva

Posted in Uncategorized by JuanV on 19 febrero 2009

El gran problema que sufre nuestro sistema educativo no es el fracaso escolar, el abandono prematuro de los estudios, las repeticiones de curso o la falta de recursos. Por preocupante que sean los datos que se refieren a esos fenómenos, no son más que síntomas de un mal que radica más allá, en los principios mismos que constituyen la base de la estructura de todo el sistema: el concepto mismo de educación, la educación que esta sociedad quiere para sus ciudadanos.

Con la implantación de la LOGSE en los años 90 el sistema educactivo se hizo “comprensivo” hasta los 16 años. Hasta ahora se ha enfatizado el tema de la edad, es decir, que la comprensividad suponía una ampliación de dos años en el tiempo que los estudiantes deberían permanecer escolarizados, pero se ha pasado por alto lo principal: que desde ese momento se convertían en “básicos” los conocimientos que hasta entonces se habían considerado “secundarios”. Me explico. La antigua Enseñanza Primaria, la Educación General Básica, se suponía que ofrecía a los futuros ciudadanos la enseñanza de aquellos conocimientos que la sociedad de la época consideraba “básicos” por “generales”, como su nombre indicaba. Había otros conocimientos, los de la Enseñanza Secundaria, que la misma sociedad consideraba “secundarios”, es decir, buenos, pero no necesarios, aptos, ni probablemente útiles para todos los ciudadanos de aquel entonces; razón por la cual no se pensó adecuado invertir en el aumento del escaso número de centros públicos de Enseñanza Secundaria que había. Pues bien, con la LOGSE, al hacer obligatoria la enseñanza secundaria, lo que se está diciendo es que la sociedad actual considera además de bueno, necesario y útil que todos los futuros ciudadanos sin excepción manejen unos conocimientos que hasta hace poco eran considerados “extra”. Eso es así al menos teóricamente. Pero cabría preguntarse si las autoridades educativas creen realmente que esos conocimientos son imprescindibles para desenvolverse hoy en la vida y por tanto son exigibles a todos los futuros ciudadanos, o por el contrario piensan que lo único válido de momento es tener entretenidos a los jóvenes durante un par de años más. No se entiende de otra manera que se hable del avance que supone extender la enseñanza secundaria, es decir esos conocimientos que se consideraban hasta hace poco extra, al cien por cien de los estudiantes y se acabe renegando de esos mismos contenidos como se hace. En qué quedamos, son o no son necesarios esos contenidos; deberían tener el valor de decir claramente si se consideran necesarios y por tanto exigibles o no. Y a partir de ahí, empezar a exigir lo que se tenga que exigir en cada curso en cada materia sin complejos ni bobadas. Con la eliminación total o parcial de algunas asignaturas de los planes de estudio, como ocurre con el Latín o la Filosofía, con la reducción de contenidos en todas las materias, con la machacona insistencia de adecuar los contenidos a las necesidades educativas de los alumnos (se podrá hablar de adecuar los métodos de enseñanza, pero los contenidos o están o no están, no hay más), con la infravaloración de todo contenido a cambio de potenciar las actitudes, los valores o el saber aprender, con la selección chapucera de contenidos en cada Comunidad Autónoma por razones políticas y nunca pedagógicas, cabría preguntarse si la administración educativa sabe lo que está haciendo o no. En caso negativo, llevamos el suficiente número de años y existe el suficiente material de crítica a la LOGSE, LOCE y LOE como para empezar a pensar en un posible error de diseño, como mínimo. Si en cambio la respuesta a esa última pregunta es positiva y los responsables de la educación en este país saben perfectamente lo que estén haciendo, lo que quieren conseguir, hacia dónde vamos y cómo, entonces no cabe otra respuesta que la movilización general con carácter urgente. Porque puede suceder, y cada día que pasa parece estar más claro, que lo que se busque sea una sociedad formada mayoritariamente por ciudadanos poco formados, sin capacidad crítica alguna y fácilmente manipulables, infantilizados por los medios de comunicación y permanentemente entretenidos en la dinámica de un consumismo sin fin, mientras se crea una élite formada en centros privados de ciudadanos altamente cualificados futuros dueños, gerentes y altos cargos de empresas y dirigentes del país

Para terminar de empeorar el panorama hay que reconocer que el tiempo corre a favor de los malos de la película, para mayor desgracia. Entre muchos de nuestros compañeros ha calado un discurso pedagógico que se acerca más a unos dogmas de fe que a unos criterios que por definición deberían ser criticables, verificables y estar abiertos a crítica, a la lógica y al sentido común. Ésto unido a la falta de puntos de referencia de qué se consideraba normal y qué no en el sistema educativo antes de la debacle LOGSE hace que la situación aún sea peor con vistas a un futuro a corto y medio plazo para las nuevas generaciones de profesores. El cuadro no puede ser más lúgubre.

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