Acción crítica en educación

Sobre la llamada “atención a la diversidad”

Posted in Uncategorized by JuanV on 25 septiembre 2009

La “atención a la diversidad”, uno de pilares en los que se basaba la LOGSE y ahora la LOE, se entiende como la intención de atender de forma especial a aquellos alumnos que presentan ciertas dificultades de aprendizaje. Dejando aparte a quienes padecen deficiencias severas, se entiende que la idea debería ser poder alcanzar los objetivos propuestos para el curso en el que se encuentren esos alumnos, a pesar del atraso que presenten. Nunca se deberían perder de vista los objetivos. Nunca tratar a esos alumnos como tontos e incapaces de alcanzar esos objetivos. De otra manera, se los estaría condenando, desde el principio, a no llegar a alcanzar los objetivos propuestos, a permanecer siempre atrasados respecto a sus compañeros de curso con la excusa de respetar sus puntos de partida, sus ritmos o sus supuestas menores capacidades.

Sucede que ciertamente hay alumnos que presentan dificultades especiales para los estudios. Pero también sucede, con más asiduidad de la que muchos estarían dispuestos a aceptar en primera instancia, que muchos de los alumnos catalogados como “de diversidad” lo único que necesitan es dedicar el tiempo y la atención necesarios a las distintas materias, especialmente las instrumentales básicas como lectura y escritura, para poder alcanzar a sus compañeros de clase. Tiempo y atención que nunca antes dedicaron y que resulta ser precisamente el origen de su necesidad de “atención a la diversidad”. Se entiende, o se debería entender entonces, en buena lógica, que estos alumnos tendrían que trabajar más y a veces mucho más para poder alcanzar a sus compañeros, dedicando el tiempo que no dedicaron antes. Luego la “atención a la diversidad” debería entenderse, en definitiva, como “trabajo intensivo”, justo lo contrario de lo que se promueve y se hace en los centros educativos ahora.

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La autoridad de los profesores

Posted in Uncategorized by JuanV on 22 septiembre 2009

Ya empieza a cansar la estúpida frasecita de que los profesores nos tenemos que “ganar” la autoridad a pulso. ¿Es que se tienen que ganar su autoridad un juez, un policía o un árbitro en el desempeño de sus respectivas profesiones? Quienes defienden esa idea demuestran un alto grado de ignorancia que puede no está reñido con cierta dosis de malas intenciones.

Se confunde un concepto de “autoridad” que se acerca a la idea de “admiración”, en el sentido de “ser una autoridad en matemáticas” o “ser una autoridad en literatura árabe”, que se gana con los años de buena práctica profesional, con la idea de autoridad más sencilla, primera y mínima, que deriva “naturalmente” del desempeño profesional sin más. Siendo esto tan evidente, ¿cómo es posible que se produzca tal confusión? Todo esto es el resultado de la idea que reina por todas partes y en todos los niveles, clases y grupos sociales según la cual todos somos iguales. Nadie ha prestado la atención debida a corregir esta idea, ni partidos políticos, ni responsables educativos, ni los medios de comunicación. Dicha confusión nos convierte en unos primerizos catetos de la democracia, ignorantes de lo que significa realmente vivir en un estado de derecho. La igualdad de todos es un concepto político, es decir, que todos somos iguales como ciudadanos, con los mismos derechos y deberes en tanto ciudadanos, no como trabajadores. Pero para nada se puede hablar de igualdad en términos laborales, por ejemplo; nada tienen de iguales el director de un banco y un botones de la misma entidad en cuanto trabajadores. Como tampoco pueden considerarse iguales el capitán de un barco y un simple marinero. Y, desde luego, tampoco  pueden considerarse iguales profesores y alumnos: ni tienen los mismos derechos, ni tienen las mismas obligaciones, ni deberes, ni responsabilidad, ni nada. Y esto lo confunden tanto obreros como profesores universitarios, profesores de primaria como de secundaria, estudiantes como expertos en educación.

No, un profesor no tiene por qué ganarse su autoridad, la debe tener de entrada; como tampoco ha de ganarse el respeto de sus alumnos. Tiene la autoridad, la debe tener, desde el primer momento que entra en una clase como profesor. Más bien sus alumnos le deben respeto, primero como persona y segundo por el desempeño de su trabajo como profesional encargado de su formación y educación. Quien mantenga lo contrario está equivocado. Quien lo mantenga y además pertenezca al mundo de la educación además de estar equivocado está perjudicando la imagen de su profesión y está ayudando a confundir aun más a la gente.