Acción crítica en educación

Sobre la motivación (una vez más)

Posted in Uncategorized by JuanV on 22 mayo 2010

La pedagogía “moderna” ya se ha quedado anticuada. Eso es, al menos, lo que demuestran los resultados que está cosechando nuestro sistema educativo. Es cierto que éste puede no estar aplicando todos sus principios explícitamente, pero no puede negarse que está basado en leyes y normativas amparadas en esos principios, lo que hace que resulte imposible inhibirse de ellos en la práctica.

Uno de esos principios en los que más insisten los pedagogos y otros “expertos” en educación es el de la motivación. Su gran error es querer hacer depender demasiado de la motivación de los alumnos, de forma que si esta falla por cualesquiera motivos todo se viene abajo.

Parecen querer convencernos de que es posible motivar a cualquier alumno para cualquier cosa. Nada más lejos de la realidad, pero además es muy dudable que eso esté bien hacerlo. Por ejemplo: ¿es correcto tener que motivar a alumnos de más de 12 años de edad para que se molesten en traer a clase un bolígrafo? ¿se puede aceptar tener que motivar a los alumnos de más de 12 años a hacer los deberes en casa? Nosotros pensamos a esas edades ya han de saber perfectamente a qué se viene a un centro educativo, han de saber qué se espera de ellos, cuáles son sus obligaciones exactamente igual que conocen a la perfección sus derechos.

Los maestros y profesores no tenemos una varita mágica para motivar a nadie, pero tampoco podemos aceptar que sea necesario hacerlo para todo. La motivación es algo añadido al trabajo diario, no independiente de él. Podremos intentar hacer la asignatura menos árida; podremos explicar cuantas veces sea necesario para que todos puedan seguir el tema que estemos tratando. Podremos intentar conectar lo explicado a la vida real y cotidiana, sabiendo que no siempre será posible. Podremos insistir en actividades prácticas, pero para todo ello, lo mínimo que se necesita es que los alumnos “quieran hacerlo”. Y no puede hacerse depender esta voluntad, la suya, del mayor o menor éxito de las habilidades del profesor de turno. Si se hace, como sugiere la pedagogía oficial, se corre el riesgo de que no se consiga nada.

En realidad puede ser mucho más sencillo que todo esto: se trata de que los alumnos aprendan que han de trabajar en clase y en casa tanto si les gusta como si no, como todos nosotros. Y cuanto antes lo aprendan, mucho mejor.

Pedagogía oficial paternalista y reaccionaria

Posted in Uncategorized by JuanV on 17 mayo 2010

La pedagogía oficial, extremadamente paternalista y reaccionaria, sugiere que si unos nenes no están dispuestos a esforzarse, a estudiar, a aprender lo que se considera oportuno que tienen que aprender, en definitiva, entonces hay que enseñarles otra cosa. Otra cosa que les resulte más atractiva, más fácil, que sea más lúdica. O sea, que si un nene no quiere comer lentejas, pues le damos en su lugar unos dulces y caramelos que le gustan mucho más. Es de locos de remate. Es de pena.

Por cierto, decimos que la pedagogía oficial es extremadamente paternalista porque trata a los alumnos de manera protectora y mesiánica: como si tuviera que protegerlos a toda costa de la “maldad” de maestros y profesores, que se empeñan en hacerles daño obligándolos a escribir, a hacer deberes, a estudiar, a hacer exámenes, a que aprendan. Y la pedagogía oficial decimos que es extremadamente reaccionaria porque pensando que les está haciendo un favor a los nenes no queriendo obligarles a nada en absoluto, lo que consigue es que los chavales de origen social más humilde desperdicien la única oportunidad que tienen para formarse y prepararse, la oportunidad que se les brinda de promoción social. Mientras que los nenes de familias bien tienen otros medios para aprender lo que no aprendan en la escuela, disponen de más oportunidades para recuperar el tiempo perdido y tienen todo a su favor para mantener el status social que ya tienen gracias al dinero de sus papás.

Más parches en educación

Posted in Uncategorized by JuanV on 4 mayo 2010

Ahora que tanto se habla de un posible pacto educativo no está de más intentar aclarar un par de ideas. Por si acaso. Estamos seguros de que nuestras ideas no pasarán mucho más allá de las pantallas de los ordenadores de algunos amigos y compañeros, pero si es así, como creemos, desde luego no será por falta de razón o sentido común, sino porque sistemáticamente se obvia el punto de vista y las opiniones de los auténticos trabajadores de la enseñanza, los profesores, los que estamos en contacto directo con los chavales un día sí y otro también, lejos de los cómodos despachos de pedagogos y otros expertos en educación que jamás han cogido una tiza.

Como sabes, el “espíritu Logse”, la LOGSE, LOCE, LOE, se fundamenta en:

–          comprensividad: demencial, desde el punto de vista del sentido común y además contraria a las supuestas intenciones de quienes la crearon y defienden. O sea, contraria a la verdadera igualdad de oportunidades. Porque al obligar a todos los alumnos a un mismo currículo no respeta la idiosincrasia de cada uno, sus deseos, sus aspiraciones, sus particularidades, sus potencialidades, sus capacidades y así, al igualar a todos no hay igualdad de oportunidades para nadie.

–          igualitarismo absurdo: se insiste hasta la saciedad en un igualitarismo tan absurdo como trasnochado y ñoño según el cual todos somos iguales, incluyendo a profesores, alumnos, padres o directores (bueno, ahora con el nuevo ROC tal vez cambie lo que se refiere a los directores, que estarán por encima de todos los demás). Se confunde, y esto lo vengo diciendo hace mucho tiempo, la igualdad desde el punto de vista político, es decir, igualdad como ciudadanos, con la igualdad a otros niveles, como el laboral, el académico, el deportivo o el artístico. Por exactamente la misma razón que no son iguales desde el punto de vista laboral un botones de un banco que el director del mismo, no lo son el maestro y el alumno. Esta confusión trae como consecuencia que se hable tanto de técnicas de resolución de conflictos, de mediación, de consenso, de habilidades sociales, que dicen que nos faltan a los profesores. Lo que falta en realidad, por supuesto, es una mente lo suficientemente despejada y carente de prejuicios como para reconocer que cuando un alumno mete la pata no hay conflicto alguno sino incumplimiento de la norma, y lo único que hay que hacer es aplicar un correctivo adecuado al tipo de falta de que se trate.

–          atención a la diversidad: falsa atención a la diversidad por dos motivos: primero, porque con la excusa de una igualdad mal entendida, que no quiere reconocer que venimos al mundo con distintas capacidades, se insiste en que todos han de alcanzar los mismos objetivos; luego no se admite la diversidad. Segundo, porque se confunde desde un principio a alumnos con verdaderas necesidades educativas especiales con aquellos otros que no han trabajado lo suficiente y lo único que necesitan es dedicar a la escuela, principalmente a las materias instrumentales, el tiempo que no le han dedicado antes. Estos alumnos son las primeras victimas de la promoción automática desde los primeros años de enseñanza primaria.

–          integración “de aquella manera”: se quiere integrar a los alumnos con necesidades educativas especiales en los centros de régimen ordinario, en las clases con el resto de alumnos y recibiendo, en la mayoría de los casos, el mismo número de horas de clase, las mismas asignaturas y atendidos por los mismos profesores (con excepción de unas pocas horas a la semana de atención por profesores especialistas, dos tercios del total). Se da además la circunstancia de que estos alumnos pasan más horas con los profesores de materias ordinarias que con los profesores de educación especial. Un auténtico desastre y además inútil que lo único que consigue es extender la idea de que se consideren los colegios e institutos como centros de acogida social.

–          promoción automática: se insiste en la promoción automática si se ha repetido una vez de curso, como si eso fuera garantía de haber alcanzado el nivel requerido. En la mayoría de los casos se promociona a los alumnos con muchas asignaturas suspensas y en muchísimos casos con todas. Así se les enseña a no ser responsables, se les enseña que estudiar no tiene ningún valor pues se promociona igualmente y se pone por tontos, de paso, a sus compañeros que estudian, pues se ve que no es necesario para pasar de un curso a otro.

–          agrupación por edad en vez de por nivel: se insiste en la idea de agrupar a los alumnos por la edad en vez de por niveles de conocimientos; así, en un par de años, se consigue que los alumnos sin los conocimientos adecuados se vean incapaces de seguir el ritmo de una clase normal, se aburran, empiecen a molestar a sus compañeros y acaben abandonando antes de llegar a 4º de ESO. Todo por que se quiere hacer primar los aspectos afectivos y sociales por encima de los intelectuales y académicos, como si los centros educativos tuvieran por misión sustituir a “mamá” en vez de la enseñanza del legado cultural, científico y artístico de nuestra sociedad.

–          primacía de valores sobre los conocimientos: se aprovecha cualquier resquicio del currículo para insistir en los valores (que no olvidemos que forman parte de la ideología), en muchos casos de manera descarada como pasa con la asignatura de Educación para la Ciudadanía, menospreciando, desvalorizando y despreciando directamente los conocimientos: basta notar la carga de los procedimientos y las actitudes en la evaluación, lo fácil que resulta promocionar con asignaturas suspensas, o la insistencia en usar conceptos como “competencias” y “áreas” para sustituir al de “asignaturas” o “materias”, demasiado ligados a los contenidos y el conocimiento.

Por todo esto no cabe otra solución que exigir un cambio radical del sistema educativo y de manera urgente para ponerle freno cuanto antes al destrozo de las generaciones de jóvenes víctimas de la locura y el absurdo de la pedagogía oficial. Reivindicamos desde aquí el Manifiesto de Maestros y Profesores y el Manifiesto “Por una vuelta al sentido común en la enseñanza”. Animamos también a todos esos blogs educativos disidentes a seguir su lucha constante por la mejora de la educación pública de este país.