Acción crítica en educación

Autonomía ¿para qué?

Posted in Uncategorized by JuanV on 6 junio 2010

Autonomía, ¿para qué?” es el título del editorial del último número publicado de Cuadernos de Pedagogía, y coincidimos con él en que ciertamente es un concepto que se presta a “múltiples lecturas”. Pero hasta ahí llega nuestro acuerdo.

¿Autonomía para desarrollar “proyectos educativos singulares” y “experimentar innovaciones pedagógicas”? Pues no, porque no se trata de convertir todos los colegios e institutos en centros pilotos de investigación. Si es necesario que haya centros en los que se vayan probando nuevas experiencias más cierto es que la inmensa mayoría de ellos tendrán que garantizar las mismas condiciones para todos en aras de la igualdad de oportunidades, la equidad y el derecho a la educación, la misma educación básica y obligatoria para todos. ¿O es que acaso se va a poder ofrecer a todas las familias la posibilidad de elegir un determinado centro educativo que llame la atención por sus “experiencias innovadoras”? La innovación no deja de ser una auténtica obsesión para aquellos que se dejan llevar por la atracción de lo nuevo y la moda. El énfasis en la innovación proviene del campo de la empresa y responde a un planteamiento simple: si la sociedad y el mundo empresarial se caracterizan por la innovación permanente, la escuela no puede ser menos. Como comenta Cristian Laval en La Escuela NO es una empresa:

La ideología de la innovación es la consecuencia del empobrecimiento de los ideales progresistas de la izquierda política y pedagógica. Incapaces de “cambiar la vida”, creyendo sin embargo mantener la llama de los deseos de revolución y permanecer fieles a la “protesta” de su juventud, algunos se replegaron sobre este sucedáneo sin preguntarse lo que esta ideología encubría, en qué consistía, si era siempre “progresista” en sus motivos y sus resultados. De ahí, las curiosas alianzas entre la flor y nata de los movimientos pedagógicos y los portavoces de la alta administración “modernizada”. Pag. 281

¿Autonomía para “adaptar el currículo al contexto sociocultural”?Nada menos. Pues rotundamente no. Y no se comprende cómo puede haber pedagogos y otros “expertos” en educación que no vean la barbaridad que supone semejante idea. Porque si cada centro adapta el currículo a su contexto sociocultural, al barrio donde se haya ubicado, entonces habrá centros en los que no se salga de las cuatro reglas mientras en otros se llegará a estudiar hasta matrices y determinantes; habrá centros en los que estudiará Shakespeare y habrá otros en los que no se verá necesario estudiar inglés, total para qué; habrá centros en los que se estudiará la geografía universal y habrá otros en los que no se saldrá de la provincia y el río que la atraviesa. ¿Hacen falta más ejemplos? Además, ¿dónde queda el derecho a recibir la misma educación? Hemos tardado siglos en conseguir que se extienda la idea del derecho a la educación sin discriminación, independientemente de la raza, el sexo, la religión, el lugar de nacimiento. . . ¿y ahora lo vamos a hacer depender del contexto sociocultural donde se esté inmerso? ¿No tienen derecho a recibir la misma educación quienes vivan en barrios distintos? ¿Dónde queda entonces la función de promoción social de la educación? ¿Es que cada alumno ha de quedar condenado a su “contexto sociocultural” sin opción a mejorarlo, a superarlo? Mal se esconde detrás de esa idea de autonomía una brutal desconfianza en el Estado y la pretensión del debilitamiento de su acción garante en materia educativa. Laval comenta:

Una vez planteado el principio de que la escuela es un servicio descentralizado que satisface a una clientela diferenciada y no, ante todo, una institución encargada de educar a todos los miembros de una sociedad según valores y reglas comunes, y de instruir a ciudadanos capaces de asumir las tareas colectivas, se han suprimido muchos obstáculos a la privatización “de facto” de los establecimientos escolares,  es decir, su subordinación a todo tipo de intereses privados. Pag. 3007

¿Autonomía para “fijar la normativa del Reglamento de Centro”? Sí, claro, y cada centro con su propia ley de educación ¿por qué no? Pero ¿qué puede justificar y qué se pretende con semejante idea? ¿Es que no es garantía de igualdad y equidad que las mismas normas sean de aplicación en todos los centros del mismo nivel educativo del país? ¿Por qué va a existir nada que justifique una normativa distinta para cada centro? Hablar incluso de una aplicación distinta de la ley y de las normativas en los centros educativos es llevar la idea de autonomía a extremos absurdos y es verdaderamente irresponsable.

Es muy preocupante que se esté extendiendo una idea equivocada de un concepto como el de la autonomía de centros de forma que, si bien la palabra “autonomía” parece hablar de una gestión más democrática de los centros, cuando se intentan concretar sus  ejemplos y se tratan de especificar sus aplicaciones cada vez se ven más lejos las vagas promesas que sugiere ese término. El Estado ofrece la mayor, y muchas veces la única, garantía de igualdad de oportunidades y de equidad en educación; es además el defensor del derecho a la educación para todos los ciudadanos. No se entiende entonces, salvo que se contemplen maléficas intenciones, que se pretenda socavar estas funciones del Estado. Menos aún cuando provienen de sectores que dicen hallarse en el espectro político de la izquierda política y educativa. Terminamos con Laval:

Pero esta exigencia de tener en cuenta a los “alumnos tal como son”, a la que se adhirieron los pedagogos progresistas, por necesaria que sea, puede transformarse rápidamente en una situación muy peligrosa si esas “diferencias” se juzgan fatales. Una cierta apología de estas mismas “diferencias” puede conducir a la aceptación pasiva de las desigualdades entre las clases y entre los alumnos.   Pag. 299

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Una respuesta

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  1. dolo said, on 9 junio 2010 at 23:11

    Divide y vencerás. Cada Comunidad Autónoma con su propia autonomía; cada centro con su propia autonomía. Esto debilita. Hace perder el norte. Tanto a nivel político en el primero de los ejemplos, como a nivel educativo en el segundo. Así estamos. Así vamos. De mal en peor en todos los sentidos. Sin rumbo.


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