Acción crítica en educación

¿Más gente al paro?

Posted in Uncategorized by JuanV on 10 abril 2012

Entre las medidas del nuevo gobierno se habla ahora de “recortes”, más recortes, en sanidad y en educación. En las escuelas e institutos de enseñanza pública esos recortes consistirían en recortar un porcentaje del sueldo y aumentar el número de horas lectivas a los profesores. Con esa medida, de forma automática, sobrarían profesores para un centro dado, y eso a la vez provocaría el aumento del número de alumnos por clase. O sea, menos sueldo, más trabajo para los que trabajan, se manda al paro a un montón de profesores más y se hunde aún más la calidad de la educación. Pues no sé donde radica el beneficio de semejantes medidas.

Ahora tomemos la idea que se le ha ocurrido a nuestra compañera Rosalía. Ella dice que sería mucho mejor repartir el trabajo que hay en vez de dar más trabajo a los que ya tienen. Por ejemplo: se reduce un 10% el sueldo; como cada profesor acabaría cobrando el 90% de su sueldo actual, con 9 profesores tenemos para pagarle a otro profesor más ese 90%. En un centro de 45 profesores se llegaría a poder contratar a 5 profesores más, con lo que se podría reducir la ratio de alumnos por clase (u ofrecer otros cursos, posibilidades, servicios), con lo que además mejoraría la calidad de la educación en general. Se estaría dando trabajo a un montón de personas que ahora están en el paro, personas que harían aumentar los ingresos de la seguridad social y que harían aumentar también el consumo. O sea, con el mismo recorte en los sueldos se consigue reducir el número de parados, mejorar la caja de la seguridad social, favorecer el consumo para salir poco a poco de la crisis y además mejorar la calidad de enseñanza. ¿No es esto mucho mejor?

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¿Pero hay algún inglés que hable español?

Posted in Uncategorized by JuanV on 29 marzo 2012

En un artículo llamado ¿Pero hay algún español que hable inglés? publicado en Periodista Digital, su autor, Abelardo Zurita, se lamenta de que nuestro presidente de gobierno, Mariano Rajoy, haya tenido que echar mano de intérprete para charlar con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Además comenta cómo el presidente ruso en funciones, Dimitri Medvédev, había mantenido una conversación “de cosas importantes” con Obama en inglés y sin intérprete, para comparar. Termina su queja echando la culpa de que los universitarios españoles ni siquiera sean capaces de “furfullar” el inglés tras más de diez años de estudiarlo, desde primaria hasta la universidad pasando por la secundaria, alucina, a ¡¡los profesores de inglés!!

Ignoramos si el señor Zurita domina el idioma de Shakespeare, pero parece que no tiene mucha idea de cómo se organiza la enseñanza de idiomas en este país. Los profesores de inglés llevamos años quejándonos del número de alumnos por clase, alrededor de 30, tanto en primaria como en secundaria. Con esa ratio se hace prácticamente imposible enseñar a hablar idioma ninguno. Pero no es ese el principal problema al que nos enfrentamos los profesores de idiomas: por norma general apenas hay unos cuantos alumnos por clase que de verdad quieran aprender a hablar el idioma de estudio. Forma parte del sistema de enseñanza obligatoria que nos hemos dado, pero ¿se puede aprender a hablar un idioma, más allá de cierto vocabulario y unas cuantas expresiones, obligatoriamente, por obligación? Ir a una academia de idiomas es voluntario y las academias ofrecen grupos reducidos y organizan a los alumnos por nivel; en los centros de enseñanza pública estudiar idiomas es obligatorio, se agrupa a los alumnos por edad y además se presume de tener grupos heterogéneos. Los profesores de idiomas de este país sabemos que es necesario enfatizar los aspectos orales de la lengua para que los alumnos puedan hablar y entender el idioma hablado. Pero es imposible centrarse en aspectos orales cuando tienes 30 alumnos por clase, 25 de los cuales además no tienen interés alguno por aprender el idioma.

En cualquier caso el señor Zurita parece olvidar que el español está entre las tres o cuatro lenguas más habladas del mundo. ¿Por qué ha de ser el presidente español el que hable inglés y no el presidente norteamericano, o de otro país, el que hable español? Como dice el título de su artículo ¿pero hay algún inglés que hable español?

Bilingüismo

Posted in Uncategorized by JuanV on 4 febrero 2012

¿Bilingüismo?

En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua aparece el adjetivo bilingüe referido a la persona “que habla dos lenguas“, o “escrito en dos idiomas“, y define bilingüismo como “uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona“. El Diccionario de Uso del Español Marí­a Moliner define el término bilingüe como “en dos idiomas” o “de dos idiomas“, y también que “se aplica al que habla con igual facilidad dos idiomas“. En la Wikipaedia, sin embargo, aparecen tres versiones del concepto de bilingüismo: según Bloomfield “el hablante bilingüe es aquel que tiene un control nativo de dos o más lenguas“; MacNamara “considera bilingüe a cualquiera que sea capaz de desarrollar alguna competencia (hablar, leer, entender, escribir) de una segunda lengua“; y Mackey, que “define el bilingüismo como el uso alternante de dos o más lenguas por parte del mismo individuo“.

Parece pues que la Junta de Andalucí­a ha elegido para su campaña la definición más débil de lo que se entiende por bilingüismo, es decir, la de MacNamara, porque de otra manera no se puede entender lo que defiende y propone. Y, eso sí­, aprovechando, la posible confusión que pueda crear en cualquiera que oiga lo que dicen. ¿Cómo se va a conseguir que alguien sea bilingüe de la noche a la mañana? ¿Cómo se van a convertir en bilingües unos estudiantes dando 6, 7 o 10 horas más de clase a la semana en el idioma elegido? Salvo, claro está, que lo que se quiera decir con “bilingüe” sea sólo que puedan llegar a disponer de “alguna competencia” en una segunda lengua. Acabáramos. No es eso lo que la mayorí­a de la gente entiende por llegar a ser bilingüe, desde luego.

Para estudiar un idioma es imprescindible contar con el trabajo voluntarioso del estudiante. Se puede pensar que esto es común al estudio de cualquier otra asignatura, pero no lo es, al menos en la misma medida. El fin último de estudiar un idioma es hablarlo, poder comunicarse, entender lo que te dicen y responder, poder expresarse. Para poder disponer del repertorio mí­nimo de conocimientos, habilidades, técnicas y estrategias mentales que nos posibiliten comunicarnos en otra lengua es imprescindible haber asimilado, mí­nimamente al menos, el sistema de esa lengua, haberlo hecho nuestro, que forme parte de nosotros, saber, conocer, reconocer, distinguir, apreciar un vocabulario, un léxico mí­nimo, unas estructuras, unas formas de construir las oraciones, una manera de preguntar, contestar, de hablar, en definitiva. Muy poco de todo esto se puede lograr si no se hace el esfuerzo de estudiar, de practicar, de hacer una y otra vez ejercicios; pero no sólo serí­a necesario hacer los ejercicios para que el profesor vea que están hechos ( lo que podrí­a bastar para otras asignaturas que no han de ser practicadas, actualizadas, hechas realidad después de estudiarlas). Para el estudio de un idioma es imprescindible que el estudiante haga suyas las normas, las reglas de esa lengua, el vocabulario, todo lo aprendido para que pueda llegar a utilizar ese idioma para comunicarse. Tiene que hacer suyas las palabras para poder contar, hablar, expresar cosas suyas, acerca de sí­ mismo, lo que siente, lo que ve u oye, lo que quiere hacer o lo que hizo. No pensamos que todo esto se pueda lograr, ni mucho menos, desde el planteamiento del estudio de un idioma considerado como una materia obligatoria más en el currí­culo escolar. Ni obligando a los alumnos a soportar las clases de idiomas durante más horas a la semana por obligación.

De todo lo anterior se desprende que la enseñanza de idiomas tal y como está planteada actualmente en la Enseñanza Secundaria, y no sólo en este nivel educativo, supone un gran error. Para empezar, no responde a las necesidades reales de los estudiantes, la mayorí­a de los cuales considera el idioma como una asignatura obligatoria más. Pero por las caracterí­sticas propias del estudio de un idioma como hemos comentado (se estudia para usarlo, hablarlo, escribirlo, leerlo, expresarse, etc.) se hace absolutamente imprescindible contar con la voluntad de los estudiantes. Sin motivación no se consigue nada, y no se puede motivar a nadie obligándolo a hacer nada. Por otra parte, la asignatura de idiomas no es comparable con otras asignaturas como matemáticas, historia o ciencias naturales o geografí­a, puesto que aprender a desenvolverse en otro idioma se puede aprender más tarde, a edad más adulta, más rápidamente y mejor, con menos gasto de energí­a y tiempo. (Por supuesto, no para convertirse en una persona bilingüe, pero tampoco es eso lo que pretende la mayorí­a de los que estudian un idioma). No se puede considerar igual de básico saber un idioma, por mucho que muchos se empeñen, como lo es conocer la propia lengua, saber expresarse con propiedad, conocer tu propio paí­s, su historia o disponer del conocimiento que se considera mí­nimo e imprescindible en las materias de ciencias, etc. Además, y parece un argumento definitivo, lo que algunos logran aprender (sólo algunos) en 4 años de Enseñanza Secundaria y después de unos pocos años estudiando un idioma en la Enseñanza Primaria se puede conseguir dominar en apenas unos meses cuando se hace con voluntad y ganas.

Nos atrevemos a hacer una propuesta que va justo en la dirección contraria a la que se quiere vender como última moda: pensamos que la enseñanza de idiomas deberí­a ser voluntaria en la E.S.O., Bachillerato y Formación Profesional, y obligatoria en los dos primeros años de los estudios universitarios, a elegir entre varias lenguas comunitarias (inglés, francés, alemán, portugués, italiano), o no comunitarias (ruso, árabe). La asignatura de idiomas, optativa como proponemos, en las enseñanzas no universitarias, deberí­a impartirse en grupos reducidos (no más de 12 ó 15 alumnos), y con un carácter eminentemente oral. Sólo de esta forma, o de otra pero de características parecidas, se podrí­a llegar a hablar de una enseñanza de idiomas interesante, eficaz y con cierta garantí­a de éxito.

En cuanto al repentino interés de la Junta de Andalucí­a por el bilingüismo español-inglés parece una respuesta de tipo polí­tico más que académico y en todo caso desproporcionada, muy tí­pica de alguien más bien acomplejado en materia de idiomas. En primer lugar habrí­a que aclarar a qué tipo de bilingüismo nos estamos refiriendo; si lo que se pretende es que todos sean capaces de hacer un uso habitual de otra lengua en un contexto cotidiano ordinario, para eso hay que estar inmerso las 24 horas del dí­a en las dos lenguas. Eso no se consigue estudiando, hablando, practicando una segunda lengua 3, 6, ni 12 horas al dí­a durante unos cuantos años. Ahora bien, si lo que se pretende es sencillamente dar unas cuantas horas más de idioma a la semana y a eso llamarle bilingüismo, entonces es simplemente una chapuza; una más. Sucede además que se critican las vías distintas de estudio para los alumnos de 3º y 4º de ESO, los llamados itinerarios, por considerarlos discriminatorios aun cuando dependerían de la elección de los propios alumnos, y sin embargo nada se dice de la discriminación que se produce con los planes de bilingüismo. Estos planes crean grupos de alumnos privilegiados en cuanto a materiales, atención, inversión, etc.; grupos que buscan y acaban encontrando la homogenización que da, de forma natural, la agrupación de alumnos que tienen cierto interés en seguir estudiando.

Por otra parte, habrí­a que pensar en alguna alternativa para aquellos que no quieran ser bilingües o no quieran estudiar idiomas (que ya los hay, créanme). Si hay problemas para conseguir que los alumnos sean capaces de aprender a usar el verbo “To Be“ después de estudiarlo desde 3º o 4º de primaria hasta terminar 2º de bachillerato, o sea después de siete u ocho años ¿qué no se necesitarí­a para hacerlos bilingües? ¿Qué me dicen de la motivación para aprenderlo? Se supone que un idioma es para utilizarlo, para leerlo, para entenderlo, no basta con aprender una serie de palabras porque sea obligatorio ¿se piensa hacer una campaña de concienciación para despertar el interés por aprender otro idioma hasta un nivel de bilingüismo, o se dejará en manos del destino y de cada uno y una? Finalmente, si como parece, se trata de una medida de carácter polí­tico, habrí­a que ver si en los otros paí­ses de nuestro entorno existe también la misma preocupación por convertir a sus ciudadanos en bilingües. A ver si va a resultar que queramos ser los primeros de la clase de bilingüismo en esta Europa nuestra. Habrí­a que pensar en ofrecer otros idiomas además de inglés, ¿por qué no cualquier idioma comunitario? Es más, ¿por qué no otro idioma aunque no sea comunitario? El español es hoy por hoy una de las lenguas más habladas del mundo. Ningún favor se le hace potenciando y ayudando a extender todaví­a más el inglés, lengua que disputa incansablemente y entorpece todo lo que puede y más cualquier avance del español en los contextos internacionales.

Juan Vázquez 

(Este artículo fue publicado hace unos años en el blog de su autor, que ya no existe).